Síntesis del debate de la Sexta Congregación general

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Santo Padre: presente
Padres sinodales: 180

Durante la Sexta Congregación General ha continuado el debate de acuerdo con el tema previsto en e índice del Instrumentum laboris: “Las situaciones pastorales difíciles (Parte II, cap. 3). Situaciones familiares / Acerca de las uniones entre personas del mismo sexo”.

En primer lugar, se afirmó que la Iglesia no es una aduana, sino una casa paterna y por lo tanto debe acompañar pacientemente a todas las personas, incluso a aquellos que se encuentran en situaciones pastorales difíciles. La verdadera Iglesia Católica cuenta con familias sanas y con familias en crisis, de ahí que en el esfuerzo de santificación diaria no deba mostrarse indiferente ante la debilidad porque la paciencia implica la ayuda activa a los más débiles.

En cuanto al proceso de declaración de nulidad del matrimonio, se registra en general la necesidad de agilizar los procedimientos (y de la incorporación de laicos más competentes en los tribunales eclesiásticos), pero también se señala el peligro de la superficialidad y la necesidad de salvaguardar siempre el respeto a la verdad y los derechos de las partes. También porque – como se ha dicho – el proceso no es contrario a la caridad pastoral y la pastoral judicial debe evitar ideas que culpabilizan, favoreciendo en cambio, una discusión tranquila de los casos. Siempre a propósito de nulidad matrimonial se ha hablado del supuesto de recurrir a la vía administrativa, que no sustituye a la judicial, sino más bien la complementa. Se ha propuesto que corresponda al obispo la decisión de cuales solicitudes de verificación de nulidad puedan tratarse por ese camino administrativo.

Se ha hecho un fuerte hincapié en la actitud respetuosa con los divorciados que se han vuelto a casar, porque a menudo experimentan también situaciones de malestar o de injusticia social, sufren en silencio y en muchos casos buscan a través de un camino gradual, llegar a participar más plenamente en la vida eclesial. La pastoral por lo tanto, no debe ser represiva, sino llena de misericordia.

Con respecto a la poligamia, se señaló, por una parte, que se trata de una realidad que disminuye gradualmente porque está favorecida por el contexto rural, mientras hoy avanza la urbanización. Por otra, se hizo notar que dado que hay polígamos convertidos al catolicismo que desean recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, surge la pregunta de si hay medidas pastorales específicas para salir al encuentro de estas situaciones con el discernimiento oportuno.

También se ha vuelto a hablar de mejorar la preparación para el matrimonio, especialmente entre los jóvenes a los que hay que presentar la belleza de la unión sacramental, junto con una educación afectiva adecuada, que no sea sólo una exhortación moralista, lo cual termina generando una especie de analfabetismo religioso y humano . Y el camino matrimonial requiere el crecimiento real de la persona.

Durante la hora de discusión libre – entre las 18.00 y las 19.00 horas – las intervenciones se centraron en las experiencias y modelos concretos de pastoral para los divorciados vueltos a casar que se sirva de los grupos de escucha. Es importante – se ha afirmado – evitar cuidadosamente dar un juicio moral, hablar de “estado permanente de pecado”, y tratar, en cambio de que se comprenda que la no admisión en el sacramento de la Eucaristía no elimina por completo la posibilidad de la gracia en Cristo y que se debe más bien a la situación objetiva de la permanencia de un precedente vínculo sacramental indisoluble. Con esta perspectiva, se reafirmó en numerosas ocasiones la importancia de la comunión espiritual. En cualquier caso, se observó que también estas propuestas tienen límites y que, ciertamente, no hay soluciones “fáciles” para esta problemática.

Por lo que se refiere a la pastoral de las personas homosexuales se ha insistido también en la importancia de la escucha y en la de los grupos de escucha.

Otras intervenciones han abordado la cuestión de los católicos que cambian de confesión cristiana, y viceversa, y de las consecuencias difíciles que se derivan de este hecho para los matrimonios interconfesionales y para la evaluación de su validez a la luz de las posibilidades de divorcio previstas por las Iglesias ortodoxas.

Recordando el Sínodo Ordinario celebrado en 1980 y dedicado al tema “La familia cristiana”, se ha evidenciado la notable evolución que se ha producido desde esa fecha en la cultura jurídica internacional, la necesidad de que la Iglesia sea consciente de este dato y de que las instituciones culturales – como las universidades católicas – se confronten con esta situación para seguir desempeñando un papel en el debate actual.

(Oficina de Prensa de la Santa Sede)

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