Meditación de Mons. Salvador Piñeiro García-Calderón, arzobispo de Ayacucho, al rezo de la Hora Tercia

S.E. Mons. Salvador PIÑEIRO GARCÍA-CALDERÓN
Arzobispo de Ayacucho (Perú)

Lunes 13 de octubre de 2014

“Sed para mí santos, porque yo, el Señor, soy santo, y os he separado de entre los pueblos, para que seáis míos”. (Lev 20, 26)

El Señor nos llama a la santidad, a vivir su Evangelio en medio de una sociedad que se acostumbra a la mentira y fomenta odios e injusticias. Esta es la tarea de la familia: anunciar la verdad y creer en el amor.

Quiero en esta mediación traer el testimonio de la primera santa de la América Cristiana que nació en mu país, y es una laica que sabia de las ilusiones y trabajos de su familia: SANTA ROSA DE LIMA.

Le pide permiso a su padre para construir con su hermano Fernando una ermita en el fondo de su casa y pasar momentos de oración preparando las catequesis que compartía con sus amigas terciarias dominicas. En el C.I.C. n. 618 es el modelo de la mujer que sabe rezar, enseñaba que el único camino para el cielo es la cruz. Y también le pide permiso a su padre para habilitar una sala de su casa como dispensario para cuidar de los enfermos y así en el C.I.C. n. 2449 es ejemplo de caridad, porque veía en estos rostros sufrientes a Jesús.

Ayudaba a la economía familiar con sus labores de costurera. Hacía oración, amaba a los suyos y abría las puertas de su casa para llevare consuelo y esperanza a los pobres y necesitados. Y si encontraba a un enfermo que estaba lejos y era difícil atenderlo, corría donde su amigo Martín de Porres para confiarle esa tarea.

Que nuestras familias según la sangre nos encuentren siempre sacerdotes, que acompañemos la pastoral familiar con más empeño y hagamos de los hogares que nos han confiado escuelas de Evangelio.

Quiero agradecer a mis padres que me enseñaron a amar a Jesús y servir en la Iglesia. Tuve la inmensa paz y consuelo de asistirles en su hora final y llevo el anillo de obispo que nos habla de la nupcialidad con nuestra Iglesia hecho con las alianzas de mis padres, que mis hermanos me regalaron el día de mi ordenación episcopal.

No olvidemos que el amor de los esposos, la alegría del hogar y el sacrifico diario son fuente de santidad.

(Texto original)

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